Ocio

Narcocorrido
Elijah Wald
Rayo / Harper Collins, 2001

31 Octubre 2011
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narcocorrido tapa Un análisis comprensivo de una de las más singulares corrientes musicales toma cuerpo a través de “Narcocorrido”, una interesante expedición del músico y escritor Elijah Wald que brinda justicia al género.

Antes de “Narcocorrido”, Elijah Wald ya se había construido toda una reputación como músico folk y como escritor, habiendo cubierto territorios del estilo ya mencionado así como del blues y aquellos que en el Hemisferio Norte –concretamente en América- se conocen como “música del mundo”.

Para esta obra, Wald simplemente se tomó un tiempo, una guitarra acústica, una mochila, unas cuantas cintas, un puñado de dólares y un pasaporte para recorrer México en autobuses de línea y en autostop, llevando a cabo breves estancias en diversas ciudades de diversos tamaños; desde grandes urbes y capitales del género (Distrito Federal, Culiacán, Monterrey) hasta poblados rara vez mencionados en las mismas sierras de Guerrero, Michoacán y Sinaloa. Esta ruta fue acompañada de una lista de diversos compositores y músicos, misma que se fue ampliando durante su travesía sin mayor salvoconducto que su hambre y afán de obtener conocimiento de orígenes, fuentes de información sobre compositores que el desconocía, etcétera… y de la misma manera su bolso se fue llenando de cintas y discos compactos que su recorrido le exigía apropiarse.

Si bien “Narcocorrido” hace honor a su título, profundizando en diversos aspectos del subgénero lírico en cuestión, se llama así porque además de que la mayoría de la data plasmada en la obra se refiere a dicho subgénero, es también por una cuestión comercial, pues Wald ahonda incluso en los corridos respecto a guerrilleros subversivos de la historia reciente de México, los de pistoleros famosos y otros que ya existían muy aparte del vendedor “narcocorrido”.

La travesía es relativamente cronológica, logrando visitar a Ángel González, abuelo del corrido moderno mediante “Contrabando Y Traición”, inmortalizada por Los Tigres Del Norte y versionada incluso por grupos de rock. Pasa por diversas autoridades como Paulino Vargas (ex Broncos De Reynosa), Jesse Armenta, Enrique Franco y obviamente profundiza en toda la vena sinaloense que alimenta y consume el género creando un círculo completo. Las charlas con muchos de los compositores e intérpretes parecen largas y tendidas, considerando la tradición mexicana hospitalaria de muchos de ellos de atenderlo a Wald en su mismo hogar, oficina y llevándolo tan lejos como restaurantes tradicionales y eventos de relevancia para el libro.

Los Tigres Del Norte, Tijuana, julio 2003Toca temas interesantes como la leyenda del difunto Chalino Sánchez, aunque lamentablemente el libro ya se había distribuido cuando el fallecimiento en un accidente del hijo del controvertido cantante desató un enfrentamiento entre pandillas durante los servicios funerarios del heredero (Norwalk, California; 2004). Lo que sí se documentó fue una estancia en las oficinas de Discos Acuario, en California, compañía que lanzó al difunto cantor sinaloense así como a Lupillo Rivera; y para cuando esta obra juntaba datos, contaba en sus oficinas con el trabajo administrativo de Jenni Rivera.

Así como las singulares menciones a Los Tigres Del Norte y otros maestros de la “vieja escuela” de siempre, también se toman en cuenta autores e intérpretes que no han adquirido la misma notoriedad así como aquellos herederos que con alguna vuelta al estilo impuesto han ampliado letras, temáticas, forma de interpretar como Los Tucanes De Tijuana y los michoacanos Grupo Exterminador y Raza Obrera.

Entre otros clímax encontramos también una interesante entrevista con Teodoro Bello, el ilustre creador de “Pacas De A Kilo” y “Jefe De Jefes” (entre muchas otras composiciones para diversos intérpretes).

El giro inesperado llega mediante las excursiones a las sierras del Sur, ahondando en los corridos zapatistas, los de la guerrilla en el Estado de Guerrero durante los 1970s e incluso detallando sobre algunos cantautores que hacen de los autobuses de línea y pasajeros su escenario y público. Estamos hablando de canciones y artistas que difícilmente llegarían a medios masivos, para los cuales aquellos vetos a la difusión en medios de los narcocorridos que desde los 1990s se han impuesto en diversas regiones de México no son sino un cuento de hadas.

Muchos pasajes del libro tal vez pertenezcan más a una guía turística que a una profundización dentro de determinados estilos musicales, esto se justifica debido a la proyección internacional del libro, para poner en contexto a lectores allende de las fronteras de México. De aquí que los lectores mexicanos –más allá de estar adentrados en la geografía del país- puedan rescatar una visión del país mismo hecha por alguien de fuera que tiene un profundo interés en una forma artística de tradición, considerando los corridos como uno de los últimos vestigios entre la antigua tradición medieval de los juglares narrando historias por donde quiera que pasaban.

Teodoro BelloConsiderando el alza en descargas gratuitas de música vía internet, la venta de discos –en casi cualquier género- se ha reducido a grupos de personas que son puristas de la música y que aprecian ser dueños de objetos como vinilos y CDs, o en todo caso a grupos minoritarios cuyos conocimientos no los acercan al manejo de internet ni a dónde buscar para obtener música de forma gratuita y cuyo poder adquisitivo medianamente les permite obtener música en sus medios tradicionales. Es por ello que en países como Estados Unidos los números más fuertes en cuanto a venta de discos son aquellos que resultan de géneros tradicionalmente escuchados por migrantes. El narcocorrido es sin duda uno de los géneros más arraigados tanto en migrantes como en mexicanos dentro de su país, y es un hecho, independientemente de quienes gusten del género o lo repudien.

Si se busca algún tipo de lección en este libro, esta sería para el periodismo musical mexicano, pues es una verdadera vergüenza que un análisis tan profundo y completo de un subgénero musical tan antiguo que en México haya desarrollado tal vez uno de sus últimos santuarios, haya tenido que ser realizado por un anglosajón –aparentemente ajeno a nuestra cultura- que tuvo mucho más interés gnoseológico en el tema que la prensa que habitualmente cubre este subgénero así como la totalidad de lo que conocemos como “grupero”, donde se le da más importancia a aspectos extramusicales.

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